LA CIUDAD DE LOS ESPEJOS.


(Recordar es fácil para el que tiene memoria. Olvidar es difícil para el que tiene corazón. G.G.M)

Las personas no pueden ver su rostro, tampoco yo reconozco el mío a menos que un cristal se interponga entre mis ojos y el horizonte, es entonces cuando logro verme a mí misma, o, mejor dicho, a esa distorsión de un mí misma que me devuelve el espejo; así es como sé que he envejecido, o que obtuve algunas canas extra, o que soy del agrado de eso que llamamos estética contemporánea. Todo eso y más podría decirles acerca del efecto de los espejos en la ciudad; pero esto de nunca verme como puedo ver a los otros me genera una angustia que me distorsiona los sentidos. Y es que todo es espejo, EN ESTE MUNDO TODO ES UN ESPEJO. Un espejo de la realidad, un espejo de los medios de comunicación, ¿un espejismo? de lo que existe, como si estuviéramos en una realidad simulada y aquello a lo que se presta atención es un hacia afuera… y sí, eso me angustia, esa impotencia de no verme. El otro día incluso soñé que me sacaba los ojos con el único objetivo que ellos observaran mi cara, lo anterior tuvo un muy mal resultado pues lo que vi fue una cara con cuencas vacías en el lugar de los ojos; desperté gritando, aterrada porque la realidad y el sueño se me mezclaron en una especie de castigo por mi impertinencia.

La ciudad está diseñada de tal manera que te encuentras un espejo a cada 3 pasos, los edificios, las fachadas de las casas, los museos, los centros comerciales… somos una sociedad narcisista con problemas de autopercepción. El otro día vi una chica que hacía tremendo “big show” acerca de la desnudez humana y su conexión con la tierra, la animalidad y esa parafernalia pseudointelectual que me tiene harta. Escucho esas voces decir, aquí se gasta mucha agua, o eres lo que comes, cuando no es que te dan un tratado de autoayuda en donde te hablan de los apegos o de la forma en que deberías llevar tú vida ¿Sabe algo? ¿Quiere que le diga algo? ¡Me vale una verga! Y sabe por qué? Porque los hilos del poder ya se tejieron, porque esta ciudad está hecha para que los discursos se repitan, entonces aquí se elige entre una gama de personalidades totalmente predecibles. Por consiguiente, dichas opiniones son otra forma de narcisismo y es el narcisismo lo que tiene jodido al mundo. Entonces uno tiene que limpiar todo lo oculto y oscuro, hacerse cargo de lo que sucede adentro en la esencia para descubrir el mundo de modo propio. Es por eso que quiero ver mi rostro con mis ojos para obtener esa certeza de la muerte ya que es el único destino auténtico y bajo esa premisa, bajo la premisa de la finitud del cuerpo como un hecho inevitable, permitir a la luz florecer. Y es que es la muerte lo único capaz de romper la ciudad de los espejos y sus sombras.

Estoy despierta y agotada, he vivivo más de 80 vidas y aun no encuentro lo que estoy buscando, la angustia me atormenta tanto o más que los dichosos espejos, la certidumbre de ciertas premisas me permite comprender mejor algunas cosas, sin embargo, todo sigue siendo confuso, porque no hay un objetivo, porque todo es cíclico; el eterno retorno que todo lo enreda, me marea, me hastía, me satura el alma, es como estar perdido en el océano sin brújula y con el cielo nublado. Ellos a veces me hablan, me dan indicaciones o simplemente me lanzan al muere, me arrojan al mundo y ya, nada más. Supongo que ellos también tienen Fe y esperan que los espectros no se queden en la esencia, entonces te dicen, el amor esto, el amor lo otro, es por amor que existe aquello o es por amor que tus ojos se abren cada día y así, explicaciones que se le brindan “por amor” a una niña chiquita a la que le están vedados todos los misterios. Entonces el alma sufre porque ama demasiado y aprende a odiar, ya que no existe luz sin tinieblas; es entonces cuando llegan las sombras.

Luego está ese otro mundo hecho de pura energía; ahí la guerra es diferente, es una carrera por conservar la luz en el alma. Sé que aun debo saber más cosas, pero ya he podido identificar 3 tipos de seres oscuros: sombras, espectros y espíritus de baja frecuencia. Las sombras son una especie de energía residual que no logra encarnarse, por tanto, no son capaces de transitar sus emociones, las cuales se anquilosan y devoran su luz. Luego están los espectros que son realmente aterradores pues son demonios susurrantes que se alimentan del odio y la apatía; cuando aparecen el olor a podrido se hace intenso y un sonido como de respiración flemática advierte su presencia; inmediatamente después, el impulso de huir es fuerte: es mejor no enfrentarlos a menos que sea estrictamente necesario; en caso de ser así, en caso de tener que luchar, la única arma disponible es la capacidad de operar el espacio tiempo; de hecho, la última vez que enfrenté a uno terminé encarnada en el cuerno de África, violada, mutilada y asesinada: eso es lo que hacen, llevarte a los peores lugares, obligar a tú alma a nacer en el momento y el lugar equivocados para así devorarnos la fe y las ganas. Por último, están los espíritus de baja frecuencia, que más que seres oscuros son almas perdidas, confundidas y aletargadas, no suelen ser peligrosos, pero absorben energía vorazmente, en definitiva, es mejor evitarlos. Tarde o temprano despertarán o se convertirán en sombras y eso va a depender de su capacidad de amar y perdonar.

Por otro lado; mejor dicho, de mi lado, están los seres de luz, rara vez se dejan ver y sólo aparecen cuando el alma está a punto de perderse, lo sé porque siento su aroma, sus voces, la melodía que hay en su composición energética.

Llevo 80 vidas buscando algo que me falta, un pedazo de mi propia esencia que creo está perdido y es la clave para salir de esta dimensión, lo intuyo, en cada paso que doy, en cada cuerpo que me recibe; hay un algo que me ata al mundo material y me excluye de la profundidad del conocimiento. Esta semana he de morir, alguien me asesinará por robar mi celular: yo iré caminando a eso de las 22 horas después de haber visitado a una amiga. Tomaré el subterráneo y justo un par de cuadras antes de llegar a casa dos chicos saldrán de la nada, uno me tomará por la espalda y apuntará un arma “homemade” a mí cabeza; el otro va a agarrar mi mochila no sin antes manosearme por completo, luego sonará una sirena de policía y el chico que me sostendrá de atrás, se asustará y se le disparará el arma por accidente, saldrán corriendo y yo sentiré mi cuerpo levitar, desprenderse de la vida y las memorias.

No sé qué sigue, aunque intuyo que apenas estoy comenzando, la guerra es perenne como la hierba y yo hago parte de ella, el tiempo infinito me hará regresar las veces que sea necesario hasta que encuentre eso que se me ha perdido, eso que el alma anhela con tanta insistencia. Mientras tanto vivo la noche de la ciudad de los espejos, transitando calles y tomando de ella la frialdad y la locura, la belleza y el desenfreno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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