
(Viajamos, algunos de nosotros por siempre, en busca de otros estados, otras vidas, otras almas. A.N)
Eran las 5 de la mañana cuando ella despertó, se levantó de la cama y miró a través de la ventana, buscando quizás en el infinito el sentido de todas las cosas. Había optado por levantarse temprano para salir de la apatía, “Tal vez si cambio otra vez el horario en el que duermo las pesadillas se vayan” pensó mientras abría el closet. Lo que encontró en su ropero no le gustó y decidió que era mejor “el viejo confiable” un par de jeans con una camisa verde que le había comprado un exnovio a manera de desagravio por un par de cuernos que le puso con una chica medio bizca.
La clase comenzaba a las 10 am, sin embargo, había estado despierta hasta la 1 am tratando de comprender la teoría de conjuntos y su relación con la literatura, para lo que evidentemente no halló respuesta; sin saber nada diferente de lo que ya conocía decidió que lo mejor era dormir. “Tal vez mañana pueda comprender algo” se dijo.
Las pesadillas eran exactamente iguales: sonaba esa canción que él le había dedicado infinidad de veces mientras bailaban; luego, ella no podía moverse más, los pies se le pegaban al piso, la canción dejaba de sonar, las luces se apagaban; era entonces cuando despertaba al lado de un muro, metida hasta los tobillos en un charco de fango, anclada y vestida con traje de novia; el traje de novia relucía impecable excepto por la parte en que la tela tocaba la tierra. Miró al cielo y supo que amanecía pues las sombras comenzaban a dispersarse con la luz del sol. Varios cuervos empezaron a rondarla, así que extendió las manos y les permitió que comieran de su carne:
-Tendríamos que haber soltado las ataduras al viento antes que me dedicaras esa estúpida canción-. Dijo… -exactamente antes del final, cuando aún tenías buen gusto y yo no había dejado de amarte, cuando aún apreciabas la profundidad de eso que cantan las sirenas y lo tuyo no era repetir discursos; cuando todas las cosas eran factibles de ser comprendidas… Luego cerraste los ojos y con ello le diste paso a la indiferencia; ya no sientes, ya no eres quién yo conocía, ahora deambulas en la oscuridad de la noche al lado de una luna falsa: un ser con ojillos desagradables, con más narcisismo que magia, una pérfida imitación de lo que antaño amabas; perdido entre palabras vacías, anhelando un pasado que ya no regresa, calmando el vacío y las ansías, buscando en todo lo que experimentas (y no encuentras) el sol que alumbraba la oscuridad de tú alma…-
Justo antes que los cuervos lograran sacarle los ojos despertaba a esa otra realidad en la que las cuestiones más importantes se diluían en el narcisismo de las pequeñas diferencias. Era entonces cuando le daba la mañana llorando, tratando de comprender lo que ya no tenía sentido, buscando entre libros y poesías las palabras correctas, aquellas que lograran nominar eso que ella sabía y que en ningún idioma estaba escrito.
Se levantó y evitó el desayuno, en ese intervalo del día rara vez era capaz de comer algo, la certidumbre que su muerte llegaría en horas de la mañana mezclada con el asco que le producía el vómito originaba tal costumbre; «lo último deseable, era un cadáver vomitado» solía pensar ella… Salió de su casa, abrió el paraguas y se internó entre las calles de la ciudad de los espejos; afuera llovía sin muchas ganas, pero lo suficiente para mojar a algún descuidado. Caminó hasta llegar a la facultad, antes de entrar decidió que no importaba, “total la clase no está tan… digamos, genial”, luego dio un giro a la izquierda en dirección a ese parque donde había ardillas marrones y un perro de nombre Emilia que a esa hora del día solía salir a pasear con su dueña. Compró un café, armó un cigarro y se sentó bajo un pequeño techo a ver las gotas caer… Fue entonces cuando llegó él corriendo, con el cabello y la remera empapada:
-Buenos días-
-Buenos días- contestó ella apenas levantando la vista.
-Yo a usted la conozco, mejor dicho, la vi el otro día en la clase de matemáticas y literatura, ¿cómo le va con eso?
-Mal, no logro abstraerme tan fácil-. Luego la lluvia arremetió con más fuerza y el cielo se tornó oscuro.
– ¿Puedo sentarme a su lado? Me estoy medio mojando ¿sabe? –
Ella lo miró y se dio cuenta de toda la fragilidad que encerraba aquel momento. -Por supuesto- Le dijo, así que él tomó asiento junto a ella y por unos cuántos minutos los acompañó el sonido de la lluvia.
– ¿Me preguntaba sí cuando escampe un poco le gustaría tomar un café conmigo? – Ella se percató de cuan nervioso se veía aquel chico al formular la pregunta; también que esta historia no sería diferente de las otras 80… Fue cuando decidió cortar el asunto de raíz:
-No, esto no va a pasar, no en esta vida, y te voy a explicar por qué:
Nos tomaremos ese café y entonces pensarás que fue divertido, que soy una chica enigmática y profunda, decidirás que quieres tomar otro café y me invitarás de nuevo, yo diré que sí y poco a poco nos iremos enamorando. Luego tú te vas a deprimir y dirás que nada tiene sentido, incluyéndome, dudarás de nuestra relación todo el 1 año y al final dirás, -Sí, esto es lo que quiero-.
El segundo año cambiaremos y decidiremos vivir juntos, tú me dirás que estoy algo gorda, que debo bajar de peso, mientras miras las chicas de tú alrededor y te preguntarás – ¿Qué carajo hago con esta mina? – Ósea yo.
El 3 año, me amarás, me amarás por encima de todas las cosas pues tendrás claro que soy especial y diferente, al menos para ti.
El 4 año desearás casarte conmigo, tendremos un perro y un día cualquiera de ese año, te preguntarás si estás muy joven para estar en un compromiso tan intenso, entonces querrás experimentar el mundo, de lo cual no te culpo, y buscarás excusas para enredarte sin sentir que lo que haces sea erróneo; jugando con los escenarios grises que te llevarán a manipular tus propios principios éticos.
El 5 año yo haré lo mismo, jugaré con los escenarios, pero los míos no serán grises, tú te volverás loco y me agredirás sexualmente, me violentarás física y psicológicamente, aduciendo que yo soy tuya, que tengo que demostrarte que soy tuya; tomarás mi cuerpo, te importará poco mi falta de ganas o mis lágrimas, te enojarás porque no me muevo, pues el sí (un sí cabal), era parte del contrato de perdón. Elevarás la moral y lo que crees políticamente correcto; pedirás equidad, justicia y dirás “nadie debe ser vulnerado”, explicarás que te defendiste; que las mujeres también golpean a los hombres, me llamarás puta delante de tus amigos (y los míos). Entonces adentro, bien en el fondo, sabrás que violentaste mi cuerpo y lo negarás, dejándome sin reparación y escudándote en la moral de la estructura progresista-conservadora, esa misma que dice no justificar la violencia de ningún tipo, para luego cerrar los ojos a la realidad en donde el 90% de las víctimas de violencia doméstica, son MUJERES; y jugarás esa falacia que yo tanto detesto: un término medio no distribuido que ignora la historia, los contenidos semánticos, las luchas, etc, etc, etc…
Luego, todo se hará paradoja, pues te cogerás a varias chicas en el 6 año, te chupará un huevo lo que suceda y tomarás placebos para menguar el dolor, me prometerás que serás diferente, me dirás exactamente lo que quiero escuchar y yo estaré confundida, destruida por dentro y resentida; dejaré de escribir y todo lo que antaño amaba será una especie de pasado lejano. Entonces te dejaré, y en nombre de esos 6 años tú terminarás con cualquier presunción de alteridad, invadiendo mis espacios, atormentándome con actos simbólicos y agresiones certeras que lastimarán y atraerán las sombras. Será recién entonces cuando yo comprenderé lo que sucedió y me quebraré por dentro… ¿Saldré más sabia? No. ¿Quizás con más experiencia? Tampoco.
Entonces no hay sentido, no hay café, ni inferencia de futuro porque esta no es la primera vez que nos encontramos, pero si será la última. A mí el futuro se me fragmenta y puede creerme o no, pero yo a usted lo veo en sueños y en todos ellos hay un ser con más narcisismo que magia detrás de usted; también veo una sombra en su corazón, una que no le permite comprender el amor incondicional. Y sus silencios, la claridad de ellos… Eso también puedo verlo-
El joven, sin saber exactamente qué pensar, se levantó de la silla ofendido; ella lo vio internarse en la lluvia mientras sus palabras se escurrían entre las gotas. Nunca supo cuál fue la réplica del chico ya que su atención se había centrado en ver cada paso que él daba en dirección opuesta a ella: aquello representaba un gran triunfo, un alguien que no se repetirá jamás en las siguientes vidas.
Luego se levantó, tiró el cartón vacío de café y se dirigió a la facultad. -Hasta nunca mi amor- Le susurró al viento y se adentró en las calles húmedas de aquella mañana extraña.
