
Era un día soleado cuando ella apareció de la nada, sin percatarse que la existencia de él era una experiencia ansiosa e impredecible. Fue él el primero en verla llegar; de alguna manera eso le brindaba cierta autoridad cómplice para también ser el primero en querer llevarla a la cama. Sin embargo, olvidó por completo que los seres humanos ostentan del mal llamado «libre albedrío» y pensó -sin recordar en lo más mínimo dicha premisa- que aquella mujer de ojos grandes y mirada taciturna podía ser suya. Y sí, así fue: la tomó por sorpresa una noche de verano, la vistió de princesa y ella se dejó llevar por los laberintos del destino; a fin de cuentas, su idea era fluir con los sucesos y el presente. Infortunadamente para él, ella jamás puso el corazón en la cama; tampoco reunió muchas expectativas al respecto, ya que el desconcierto que aquel hombre le causaba era más fuerte.
Pronto todas las certezas que él tenía sobre sí mismo cayeron cuesta abajo desbordando su propia mente: se supo atrapado, libre, atractivo, eterno y estúpido… Absurdamente estúpido.
Era un día soleado cuando ella se dio cuenta que el azul profundo del cielo se confundía con los ojos que la miraban. Le temblaron las piernas en cuanto aquel azul infinito chocó con el marrón amazónico de los suyos. Tomó una bocanada de aire. Lo sostuvo un par de segundos y continuó caminando. No era la primera vez que un hombre la observaba de pies a cabeza; sin embargo, no era usual que le temblaran las piernas -eso definitivamente era perturbador- cambió la canción que escuchaba y siguió caminando, casi contando los pasos, mejor dicho, dilatando el tiempo de llegada para no caer tan pronto en ese cuerpo que a todas luces dejaba ver el futuro inminente. Y sí, un día cualquiera, justo antes de terminar el verano, ella se vistió de princesa y se desvistió y se quedó en silencio cuando él sin pensarlo dos veces le hizo poner el traje de conejo con orejas largas que usaba de pijama: ella fue conejo y luna blanca, primavera y poesía, silencio y música, ternura y misterio, belleza… Afortunadamente para ella, jamás puso el corazón en la cama; tampoco reunió muchas expectativas al respecto, ya que…
Se agarró de sus certezas y le puso un alto a semejante osadía. No se tenía permitido amar nunca más. El corazón guardado en los abismos de la locura debía permanecer reprimido, ausente y profundo.
A él tampoco le iba mejor, la incertidumbre del futuro deshacía cualquier intento de pensamiento estructurado.
Sus ojos azules: Océano Caribe…
La vida que pasa indefinida en esa temporalidad tan lineal y carente de sentido.
Aristóteles.
La medicina que ya no toma
La medicina que él necesita.
El anuncio de tragedia se carga en las nubes, ella piensa en Shakespeare y en su propia noche de verano, se desnuda en silencio mientras las mariposas azules de los recuerdos desatan la tormenta. -Ya sabías vos que no debías venir, te lo dije 103 veces, pero no quisiste poner atención; además, te dije otras 104 que no estaba dispuesta a amarte.
-Pero ¿quién escucha? Absolutamente nadie escucha cuando una mujer te dice que no piensa poner su corazón, menos su alma en semejante disparate
El la miró incrédulo, era la primera vez que un ser tan problemático, conflictivo y deliciosamente empoderado se daba paso entre sus piernas.
¿Qué deseas troublemaker?
Las horas las pasó mordiéndose las uñas, recordando aquel amor imposible, o muy posible, o quizás algo extrañamente parecido al amor… o quizás nada… y siguió mordiendo el pasado como si en aquel acto compulsivo la mujer que antaño amaba pudiese regresar, o mejor no regresar jamás a ella… y seguía mordiéndose el destino y las paradojas y las ganas, y roía una y otra vez sus pensamientos, apagándose, apagando los sueños con aquel ruido que tan cómodo le era… y de nuevo atacaba sus uñas para llorar en silencio por esas cosas que tanto extrañaba.
Ella sabía que era de esa manera y no de otra.
Él sabía que era de esa manera y no de otra… -Perdón por no poder amarte-
-Perdón por no poder amarte- contestó ella…
Fue entonces cuando las cosas se complicaron pues el destino -al que también se atribuye la palabra fatalidad- descargó los efectos de todas las causas sobre ellos.
-Ya sabés que le da el teléfono a todas. -Empty-. Absolutamente ruidoso como una tinaja vacía. -Empty-. No podría apreciar jamás una buena imagen; de hecho, calculo que no sabe que mierda es una imagen. -Empty-. El otro día le hablé de las invasiones de 1492, no tenía idea de qué hablaba. -Empty-. Entonces lo miré completamente, dejé de lado el asunto hormonal y las ganas de darle toda la noche… observé sus ojos… fue ahí donde la tragedia estuvo a punto de tragarme, ósea por poco y me jodo-
¡Uuuuuuup! El disco vuela mientras ella corre al fondo, corre libre como si no existiera futuro o pasado. Corre detrás del disco que él le ha enviado, corre porque es él y porque el espera que ella lo atrape. Corre porque no hay destino plausible en tanto el disco vuele. ¿Lo busca a la derecha? No está. ¿Lo busca a la izquierda? Tampoco. Mira hacia arriba y ahí, debajo del sol, su sombra aparece. Sigue corriendo, espera recibirlo adelante, pero va largo, muy largo, entonces no queda otra opción que volar, da un salto hacia el frente, pone su cuerpo horizontal y por un instante se separa de la gravedad para ser libre, -¡vuela!- escucha la voz en do de su handler, se estira y con la punta de los dedos atrapa el disco para caer introduciéndose en la tierra, sabiendo que lo ha atrapado, que ha cumplido, que ha hecho su parte: un gol a gran distancia que cambia la situación del partido. Se levanta y busca esos ojos azules… él la mira, ella sonríe y todas las cosas que antes eran imposibles de comprender aparecen con sentido. Una mirada cómplice o una sonrisa infinita, algo para recordar justo un segundo antes de morirse: algo para nunca olvidar…
El 22 de septiembre ella descubre que tiene alma, a eso de las 12:35 am un vuelco en el corazón la sujeta de las ganas y las entrañas. Se desnuda lentamente, consciente de que está todo mal, que está arriesgando más de lo que tenía planeado… Entonces sufre, sufre un poquito, como un gato de tejado en luna llena. Experimenta la añoranza de la inocencia y del primer amor, se aflige por la no existencia de las ideas románticas que llevó años construir a punta de Disney y que ahora se derrumban como castillos de naipes. Él se ríe sin saber muy bien por qué, pues no tiene idea alguna de lo que sucede. La observa de nuevo, se dice algo incomprensible y estos eternos círculos que estoy narrando, regresan una y otra vez en un retorno de sucesos que llevan a dos seres humanos al límite de sus sentidos…
Es entonces cuando el corazón se les parte en mil pedazos. (O lo que queda de el)
-Estoy confundido-
-Estoy confundida-
Se desean desde el abismo del miedo. Y así pasan los días, las noches y la vida la convierten en drama…
Al amanecer le dijo que no se «empeliculara», pues lo que pasaba entre ambos era una de esas cuestiones del presente, además, ella no pensaba cargarse con los miedos de nadie. Levantó la blusa del suelo, se puso su ropa interior… Al cabo de 5 minutos estaba completamente vestida y lista para salir. Eran las 3:00 Am, no obstante quedarse a dormir con él claramente representaba el inicio de cualquier desgracia. Se acomodó el cabello y por 5 vez huyó.
Al amanecer ella le dijo que no se empeliculara ¿me querés explicar qué es empelicularse? Regresó arrastrando los pies; sintiendo el viento de esa hora de la madrugada colándose entre los espacios que la mujer acababa de dejar. Luego llegó a la conclusión: -Pues no sé qué es empelicularse- y con eso cerró la pregunta y los miedos. Llegó a casa, fumó su último cigarro y se fue a dormir olvidando cepillar sus dientes.
(Resguardum Ether troublemaker).
El 23 de septiembre el hizo lo inevitable: saboteó por enésima vez su existencia… Se acostó con una más y se lo comunicó con tamaña crueldad, intentando destruir la sonrisa y la poesía de aquella mujer que ya estaba rota. Deseando quizás destruirse a sí mismo.
(Resguardum ether ad aeternum)
Y sí, así fue, le pisó el alma con sus botines sucios. Al menos así lo imaginó, pero ¿Cuál alma? ¿De qué alma hablaba? -No, estás equivocado, aquí no hay alma, ni ganas, ni entrañas, ni sueños, ni nada. A mí sólo me queda el cerebro y con eso es suficiente-
¡Game over! -Se tiene que ser muy estúpida para amarte- Entonces la enajenación se fue y se tragó todas y cada una de sus poesías. A fin de cuentas ella era una artista, acostumbrada a las emociones fuertes, a quebrarse y despedazarse una y otra vez, cada semana, cada mes, cada instante de su vida. Ese era el sentido de su existencia: el amor y el desamor; entonces sonrió al viento, ya llegaría otro, uno más que la rompiera por dentro y le inspirara una nueva historia para escribir.
