
Capítulo 1. TROMPITA DE PERRO.
Acostumbrarse a perder hace parte de la adultez -dice mi madre-. Ser agradecida es cuanto queda.
15 años atrás las penas se llevaban en la mochila y se dejaban en cada una de las canciones que cantamos con nuestras mascotas mientras éramos obligados a limpiar nuestro propio desorden.
Las mañanas de domingo, los pandebonos debajo de la mesa, los juegos en el parque, el rio y los atardeceres en la mitad de la montaña. El amor de nuestros padres, el amor de la familia, el amor infinito con el que hemos llegado al mundo. El tupper para ir a la universidad en el que se reflejaba todo el cuidado que la familia nos brindaba.
Los restos del tupper para la mona.
Los guaus al entrar a casa, las medias perdidas, los zapatos comidos, los baños, los juegos con la manguera.
Que te salgas de la piscina que luego hay que llevarte al vete.
La adultez joven. Las lágrimas que literalmente lamiste de mi cara. Las risas. Tu trompita. Tus ojos que guardan todos los misterios; misterios a los que ningún ser humano tiene acceso. Los días que ya no regresan.
La vida.
Quisiera escribir una historia pero no me salen las palabras, ni siquiera encuentro un hilo narrativo. Quisiera escribir historias como las que escribimos juntas; poemas a nuestro mundo, a mis amores perdidos en el tiempo; sueños descritos que iban y venían cuando la vida era más simple. Vos estabas cuando la vida era más simple.
Pero hoy a duras penas escribo. Que las letras se enredan, no me salen. Que algo adentro se ha roto y no encuentro palabras para nominarlo. Que el tiempo pasa y significa vida pero también muerte. A veces siento que me voy a volver loca entre emociones, razones y supervivencia. Otras, me encuentro a mi misma cagada del miedo, sin saber muy bien que sigue y hacia dónde debo ir.
Y te recuerdo, te recuerdo como parte de días tranquilos; no mejores, simplemente tranquilos.
Y me agarran estas ganas de llorar pero ya no puedo llorar porque hace años que no me permito las lagrimas. Entonces hoy, lloro por ti y por todas las cosas por las que no tuve tiempo para llorar mientras te doy las gracias porque incluso en tu muerte me recuerdas quién he sido, de dónde vengo y sobre todo hacia dónde voy.
No quiero dejar de escribir porque comprendo que esta carta de despedida es mi adiós eterno y no estoy lista para decir adiós. Pero nos han amado tanto que por amor llegaste y por amor te fuiste y con amor es momento de dejarte ir. Así que gracias monita. El tiempo fue muy cortito, lo que significa que nos veremos pronto.
