
A las 10 de la noche, Harry «El mocho», reciclador de profesión, al que llaman «mocho» porque perdió su brazo izquierdo desde el hombro, 20 años atrás, trabajando en una fábrica; compra un poco de susto (bazuco) y se dirige hacia su terreno baldío después de un largo día de trabajo.
Todos en el pueblo sabemos que Harry es un buen tipo y aunque la vida le rompió las ilusiones, tira con lo que puede, cómo puede.
La casa de Harry no es la de cualquier reciclador. Dueño de 3 gatos y uno que otro ratón de campo, su terreno – semiconstruido con hoja lata y bareque- estaba además, hecho de pedazos del mundo: fragmentos sin aparente uso, pegados cuidadosamente dando forma a nuevos objetos. Pedacitos rotos que ahora componían una sinfonía de color en donde Harry se refugiaba en las noches calurosas de Jamundí, Colombia, esa tierra verde bañada por 7 u ¿8? ríos, en la que podía escuchar las chicharras danzando en la noche al son de los sonidos de la piedra y el agua.
A las 00 Darío se encuentra en la plaza de mercado con dos prostitutas conocidas, una trans y una mujer. El Darío es un hombre trabajador al que le gusta salir los viernes a meter bazuco con sus “hembritas” y un botellito de -vincorte- al terreno baldío de Harry, amigo de aventuras.
-Cuando pasas por el lote baldío ves las luces de los encendedores como luciérnagas en el Purgatorio. La oscuridad se come todo y a todos-.
A la 1:30 de la mañana Darío y Harry se sacan las ganas con las chicas. Se embriagan, se ríen. Se cuentan historias increíbles, se dicen palabras lindas -porque aún estando rotos el alma sigue viva-, ven las estrellas tan lejanas y no piensan… Mejor dicho, tratan de no pensar porque si se toman la vida en serio los recuerdos les llevan al suicidio.
A las 2 am la botella se acaba, consiguen otra y se suma Arcadio, un obrero no tan enganchado. Sin embargo, Arcadio también tiene ganas, lleva un rato observando desde alguna esquina. Ha visto los cuerpos mecerse y desnudarse. Ha visto las babas caer. Ha sentido el aroma a sexo y ha visto desde la letárgica oscuridad el placer colmando los espacios hasta llegar ahí, a su esquina. Al cabo de un rato y con las ganas a punto de desbordarse saluda a Harry, se sienta a su lado. Trata de entablar algún tipo de comunicación con la mujer, ahora ella se ríe con él.
A las 3 Am, Harry se levanta, quiere cambuche porque ya le pesan las piernas. Se va a dormir esperando no amanecer.
A las 4 Am, Arcadio intenta violar a la mujer. Ella, sin pensarlo dos veces, saca su navaja de en medio de las tetas, llama a su amiga y entre las dos le explican que a las mujeres no se las viola aun cuando sean putas. Al Arcadio lo matan de 11 puñaladas.
Darío huye.
Y, sin saber muy bien, el cómo o el dónde, la policía aparece a las 7 Am, encuentra un pico, una pala, un hueco en la tierra, un hombre medio enterrado y a Harry el mocho saliendo de su cambuche, confundido y recién despierto.
Harry es acusado de asesinato y empieza el juicio; el que, entre otras cosas, demorará lo que tenga que demorar según el funcionario de turno.
El acusado sostiene que él no pudo haber sido responsable porque estaba durmiendo y que, además, cómo carajo va él, que es mocho desde el hombro, a agarrar una pala y hacer un hueco.
El Harry tuvo suerte, dio con Eliana, una juez joven a la que realmente le gustaba su trabajo. Sobra decir que tuvo la suficiente inteligencia para darse cuenta de que, según el tamaño del hueco, el tamaño de la pala y las características físicas del acusado, resultaba imposible que él fuera el asesino.
Al Darío no le vieron más. De las chicas solo las sospechas. Al Arcadio lo encontró su familia y le dieron Santa sepultura. Y Harry… Harry sigue pegando pedacitos rotos del mundo.
